| ¿Cuántos no hemos soñado cuando éramos niños en convertirnos en nuestro animal favorito? Tras años y años obsesionado con los gatos, Carlos tomó la decisión de ser uno de ellos. Se creó un gorro especial con orejas puntipeliagudas y se pintó la cara con bigotes (cuando le crezca pelo, tiene pensado dejarse un bigote de verdad) y allá que empezó su nueva vida. Desde entonces, le ha apadrinado Diógenes que soporta todas sus tontunas y todos sus intentos de creerse gato. |